El Autorretrato (fig. 1) de Lola Álvarez Bravo (1902 – 1993) es una imagen sugestiva, provocadora y seductora; es pura afección (Deleuze, 1989). Llama al espectador y lo envuelve. Al despertar afecto se convierte en instinto y sensación. Por medio de los sentidos se accede al segundo nivel de la casa barroca de Deleuze en la que el alma se pliega y se repliega en su ir hasta el infinito (Idem, p.11).
Autorretrato, ca. 1950
Colección del Center for Creative
Photography Tucson, Arizona
Colección del Center for Creative
Photography Tucson, Arizona
Ella, el sujeto, aleja su rostro y se desenvuelve ignorando la mirada del otro, convirtiéndose en su objeto. Coloca a su público en una posición voyeurista en la que se observa una escena en extremo íntima y se despierta el deseo en tanto pliegue material.
La vivencia, como reflexión del ser, toma importancia; es centralizada y asumida por el espectador, quien es afectado por el contenido emocional de la imagen. La forma se convierte en la herramienta que desvela la experiencia. Álvarez Bravo capta el instante de afección y lo congela transmitiendo la vivencia por medio de un recurso fotográfico.
El autorretrato cobra fuerza a través de la luz y las texturas. Las distintas elecciones de la fotógrafa marcan puntos reflexivos que permiten acceder a la vivencia de una manera contundente.
La autora posiciona sus manos tapando el rostro con dos piezas de lo que parece esponja marina. La mujer se bloquea en un encierro auto impuesto que le permite tener una ilusión de control dentro de una cárcel virtual que crean los prejuicios y paradigmas de su sociedad. Se repliega en sí misma en un deseo de autoprotección.
La sombra crea una textura ambigua sobre la cara de Álvarez Bravo que le confiere un aspecto casi fantasmal, evitando la posibilidad de llegar a conocerla. Los ojos cerrados refuerzan la incapacidad de entendimiento al encerrar al sujeto en sí mismo. Se convierte en un sujeto autocontenido, plegándose hasta el infinito. La fotógrafa utiliza el recurso lúdico de las sombras sobre el rostro que imita la textura del fondo. Esta mimesis remite al rol pasivo que se le da a la mujer de la época en el que se vuelve una más con el ambiente.
El reloj localiza al espectador en un espacio temporal dándole una dimensión narrativa a la imagen. Sitúa al evento como una experiencia real pero destinada a permanecer suspendida en el tiempo por siempre. Esta ambigüedad toma fuerza al conjuntarse con un fondo indeterminado (aunque rico en textura). Lo incierto se vuelve un instrumento para reforzar la dimensión fantasmal de la fotografía.
La dicotomía modelo/artista se desvela en pliegues continuos que desdibujan las fronteras entre el adentro y el afuera (Deleuze, 2007). La persona se divide asumiendo dos roles distintos. Por un lado, la modelo se encuentra expuesta y parece estar en búsqueda de elementos que le permitan retomar el control. Por el otro lado, la fotógrafa busca captar un momento de absoluta honestidad en el que su sujeto se exprese libremente. Ambas intenciones se encuentran en clara oposición, sin embargo, se concilian al crear la imagen. Modelo y artista devienen uno mismo una vez más. El otro se manifiesta como parte del ser y el adentro tan sólo como un pliegue del afuera (Idem).
La modelo/artista cierra los ojos. Busca apagar esa mirada propia que la puso en la posición vulnerable. Se niega a sí misma como fotógrafa y hacedora de imágenes. La mujer se esconde y la artista la desvela. Ambas estrategias se expresan como formas de confrontación a sí misma, a la cámara y a la mirada social que la rodea. Se enfrenta a esto con certidumbre pero conscientemente empleando la ambigüedad para forzar al espectador a cuestionar su subjetividad y al final confrontar sus propias prisiones y limitantes.
La percepción juega un papel sumamente importante en este manejo de subjetividades. La cámara se vuelve el objeto que observa y el sujeto toma conciencia de que es percibido. Se exterioriza una doble percepción que resulta en un juego desconcertante.
Lola Álvarez Bravo utiliza la representación para expresar su visión del mundo. Se desenvuelve como mujer y deviene hacedora de imágenes. La ambigüedad, la metonimia y los recursos formales son sus herramientas para crear imágenes que contienen una carga significativa impactante. Por medio de ellas, toma una actitud de resistencia que de otra manera hubiera sido imposible.
• Comisarenco Mirkin, Dina. "La Representación de la Experiencia Femenina en Tina Modotti y Lola Álvarez Bravo." Revista de Estudios de Género. La Ventana 3.28 (2008): 148-190.
• Debroise, Olivier. Lola Álvarez Bravo: In Her Own Light. Tucson: Center for Creative Photography, 1994.
• Deleuze, Gilles. Foucault. Paidós, 2007.
• Deleuze, Gilles. Francis Bacon. Lógica de la Sensación. Madrid: Arena Libros, 2002.
• Deleuze, Gilles. El Pliegue. Liebniz y el Barroco. Barcelona: Editorial Paidós Básica, 1989.
• Ferrer, Elizabeth. Lola Álvarez Bravo. México : FCE ; Turner, c2006.
• Guattari, Félix. Caosmosis. Buenos Aires: Editorial Manantial, 1996.


Me encantó este análisis, que observa con tanto detalle cada aspecto de la obra y trata de delucidar su significado. También creo que tus preguntas de investigación van por buen camino. Estaría bien ensayar una comparación entre el análisis de una imagen de Lola y una de Manuel para explorar algunos de los aspectos que planteas en tus preguntas, reflexiones y dudas.
ReplyDelete